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domingo, 26 de julio de 2026

ECOS DE LA SABANA nº 327: LLAMADA A LA CONVERSIÓN PARA HUMANIZAR LAS PRISIONES EN CAMERÚN

Domingo 26 Julio 2026   
  Llamada a la conversión para humanizar las prisiones en Camerún
Estos días leía la carta que el arzobispo de Douala, Samuel Kleda, en Camerún, escribía en la que expresaba su preocupación por las condiciones carcelarias que los presos viven en la mayoría de las prisiones del país.

El arzobispo de Douala alertaba sobre las desapariciones forzadas, las detenciones arbitrarias, las condiciones inhumanas y su preocupación por las mujeres y los menores en las cárceles. Kleda cita un discurso del papa León durante su viaje apostólico a Camerún, hace 3 meses, en el que hacía una llamada a que la dignidad humana sea el pilar del sistema penitenciario.

En su carta pastoral sobre las condiciones carcelarias publicada a finales de junio, el arzobispo de Douala describe cómo las cárceles sufren hacinamiento. Los presos viven en condiciones particularmente difíciles: “Insuficiente alimentación, acceso limitado a la atención médica, hacinamiento e infraestructura inadecuada”. El obispo Samuel Kleda también está preocupado por la presencia, en algunos centros penitenciarios, de mujeres, hombres y, en ocasiones, menores que comparten los mismos espacios debido a la falta de infraestructura suficiente. Las detenciones preventivas prolongadas también son motivo de preocupación.

El arzobispo considera inaceptable que muchas cárceles camerunesas alberguen a más personas en espera de juicio que condenadas. Deplora el incumplimiento de los plazos legales de detención y reitera que toda persona detenida tiene derecho a un juicio en un plazo razonable. Considera que esta situación contribuye a las reiteradas violaciones de los derechos fundamentales.

Durante su viaje a Camerún, el Papa León, invitó a las autoridades a romper las cadenas de la corrupción. En su carta, el arzobispo de Douala muestra cómo la corrupción en el sistema judicial y penitenciario hace que las personas más pobres sufran más en los procesos judiciales. El arzobispo dice que «la corrupción obstaculiza el desarrollo del país y socava la igualdad ante la ley».

El arzobispo Samuel Kleda basa su mensaje en las enseñanzas de Cristo, e invita a los fieles a demostrar su solidaridad con los presos. Añade: «Amar al prójimo también significa acompañar a los presos, sin distinción ni exclusión, y reconocer en cada persona una dignidad que nunca desaparece». El arzobispo Samuel Kleda recuerda que, a pesar de sus delitos, su dignidad humana debe ser respetada, invita a las familias y a los fieles a no abandonar a sus seres queridos encarcelados. Y termina recordando que no podemos olvidarlos: «Los juzgamos y los olvidamos, aunque siguen siendo seres humanos».

El 7 de diciembre 2019 yo escribía una reflexión sobre la situación que ya entonces se vivía allí en Yaundé, capital de Camerún. Y hablaba sobre el caso que un amigo llamado Max vivió en su propia carne. Max pasó 5 años en prisión sin haber hecho nada y sin ser tan siquiera ser juzgado. También puse unas fotos del hacinamiento que allí en la cárcel se vivía y que ilustra un poco la situación que el obispo Kleda denuncia.

Si alguno está interesado puede leer la entrada siguiente en donde describo su caso en los ecos nº 89. 

https://ecosdelasabana.blogspot.com/search/label/Carceles%20camerun

PINCHA EN LA FOTO PARA VER LAS FOTOS PUBLICADAS EN EL 20219


Abajo pongo también el texto íntegro de la carta que el obispo de Douala ha escrito por si hay algún curioso.


LLAMAMIENTO A LA CONVERSIÓN PARA HUMANIZAR
LAS PRISIONES EN CAMERÚN
CARTA PASTORAL SOBRE LAS CONDICIONES PENITENCIARIAS

A mis hermanos y hermanas en Cristo, a las mujeres y hombres de buena voluntad, a las autoridades civiles, militares y judiciales de nuestro país.

«Estuve en la cárcel y vinisteis a verme» (Mt 25,36).

 1. Estas palabras de Jesucristo resuenan hoy en nuestra conciencia colectiva como un solemne recordatorio, una pregunta apremiante y, para muchos en Camerún, como un clamor ahogado tras los muros. Es al escuchar este clamor, percibido durante las visitas pastorales en Douala, transmitido por familias afligidas o susurrado en la intimidad de la oración, que me siento impulsado por el Espíritu a dirigiros esta carta: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque el Señor me ha ungido». Me ha enviado… a proclamar libertad a los cautivos” (Lc 4:18).

2. En el versículo bíblico que abre esta carta, Jesús se identifica con el prisionero. Al hacerlo, eleva su condición a la dignidad absoluta. Visitar al prisionero, cuidarlo y respetar su dignidad humana es un mandamiento que toca la esencia misma de nuestra fe y nuestra humanidad compartida, y que estamos obligados a observar. Este mandamiento nos invita, en conciencia, a examinar la realidad de los lugares de privación de libertad en nuestro país. Lo que vemos y oímos allí es una profunda herida para el Cuerpo de Cristo y para la sociedad camerunesa en su conjunto.

3. Esta carta pretende ser un acto de verdad y caridad pastoral, nacido no de un espíritu polémico, sino de un deber de conciencia y una compasión urgente. Su objetivo es exponer la injusticia sistémica que rodea el arresto, la detención y el encarcelamiento de muchos cameruneses. Se trata de denunciar la intolerable práctica de los secuestros y las detenciones secretas. Las detenciones, las condiciones degradantes y abusivas en las comisarías y brigadas de gendarmería, el sistema penitenciario infernal, la corrupción que asola todo el sistema judicial y los procedimientos penales, a menudo objeto de abusos. Este panorama, que dista mucho de ser exhaustivo, es lo suficientemente grave como para exigir un cambio de perspectiva y de mentalidad por parte de todos, así como una transformación de nuestras estructuras. Es con este espíritu de diálogo constructivo, pero firme en la verdad, que me dirijo a vosotros hoy. 

I. Del secuestro o arresto a la prisión: una verdadera odisea

a. La angustia del secreto: desapariciones y detenciones arbitrarias

4. Incluso antes de enfrentarse al problema del encarcelamiento de un ser querido, muchas familias camerunesas experimentan una profunda angustia: la angustia de la incertidumbre. Las personas arrestadas o secuestradas, a menudo sin orden judicial, por agentes uniformados o de civil, desaparecen para ser retenidas en lugares secretos. Les cortan la comunicación telefónica y borran sus huellas. Sus familiares, aterrorizados, corren de comisaría en comisaría, de comisaría en comisaría, de juzgado en comisaría, y con frecuencia se topan con un muro de negación, indiferencia o amenazas. Esta práctica de detención secreta en lugares desconocidos, a veces extraoficiales, constituye una violación absoluta de la ley.

Deja al individuo sin protección legal, lo hace vulnerable a todo tipo de abusos e inflige una tortura psicológica prolongada a su familia. Las detenciones masivas, por su parte, suelen derivar en detenciones arbitrarias que, para algunos, se prolongan indefinidamente.

b. Comisarías y brigadas de gendarmería: antesalas del sufrimiento

5. Para quienes se encuentran detenidos en un domicilio conocido, la terrible experiencia comienza en condiciones a menudo inhumanas. Las celdas de muchas comisarías y brigadas de gendarmería son verdaderas mazmorras que no respetan los derechos humanos. Estas celdas están superpobladas, carecen de ventilación, luz y ropa de cama. Los detenidos duermen sobre el suelo de cemento desnudo e insalubre. Solo disponen de un cubo por celda para la higiene personal. El agua potable es extremadamente escasa, al igual que la comida suficiente y de buena calidad. Con frecuencia, la detención allí supera el límite legal, prolongándose durante semanas en total ilegalidad. En estos tugurios, la salud se deteriora rápidamente y la presunción de inocencia se viola a diario. Estas condiciones, contrarias a la Constitución camerunesa y a los tratados internacionales ratificados por nuestro país, constituyen un trato cruel, inhumano y degradante, prohibido en todo momento, lugar y bajo toda circunstancia.

II. El infierno de la prisión: Cuando el castigo se convierte en tortura adicional

6. El traslado a prisión, presentado como una «solución», suele ser simplemente un paso hacia otra forma de sufrimiento institucionalizado. Las cárceles camerunesas son trampas mortales. Las condiciones insalubres, el hacinamiento, la desnutrición, las enfermedades, los abusos, el acoso, la prostitución y la presencia de narcóticos convierten nuestras cárceles en auténticos corredores de la muerte. El hacinamiento alcanza niveles catastróficos (más del 500 % en algunas), transformando cada celda en un espacio de lucha por la supervivencia. El aire está viciado, el calor es sofocante y el hedor, nauseabundo e insoportable. Muchos reclusos padecen enfermedades oculares debido a la deficiente iluminación de las celdas, que empeora progresivamente.

7. El acceso a la atención médica es un espejismo. Las enfermerías carecen de equipamiento adecuado y el personal está sobrecargado de trabajo. Enfermedades contagiosas como la tuberculosis, la sarna y la fiebre tifoidea se propagan sin control. Los reclusos con VIH o diabetes ven cómo su estado de salud se deteriora rápidamente por la falta de tratamiento continuo. La comida, pobre en vitaminas y calorías, es insuficiente para mantener la ya debilitada salud de los presos enfermos. Su supervivencia depende del apoyo externo de sus familias o del mercado negro carcelario. Aquellos cuya enfermedad requiere traslado a un hospital no son bien recibidos ni reciben la atención adecuada, debido a la falta de fondos o a las facturas impagadas.

8. Esta realidad es aún más cruel para las personas vulnerables. Las mujeres detenidas carecen de productos básicos de higiene femenina. Algunas, encarceladas con sus bebés, ven crecer a sus hijos tras las rejas, con un futuro comprometido por la falta de condiciones propicias para su desarrollo normal. Los menores, que lógicamente deberían estar separados de los adultos y recibir el apoyo educativo adecuado, suelen quedar abandonados a su suerte, sometidos a la ley del más fuerte y a diversas formas de abuso y explotación.

III. Un sistema pervertido: Corrupción y negación de justicia

9. Esta cadena de sufrimiento, lejos de ser exhaustiva, se alimenta y perpetua por dos males principales: la corrupción y la perversión de la justicia. En el sistema penitenciario, la corrupción fluye como el aceite en los engranajes. Comienza en el momento de la detención para evitar problemas, continúa en la celda para obtener un mínimo de comodidad —un colchón, medicamentos o una llamada telefónica— y estalla en los pasillos de los juzgados para agilizar el caso o hacerlo desaparecer. Esta economía de la miseria crea un sistema de justicia de dos niveles: uno para quienes pueden pagar; otro para los pobres que sufren plenamente la lentitud, la negligencia y la brutalidad del sistema. Corrompe a los agentes encargados de hacer cumplir la ley e infunde un profundo cinismo en toda la sociedad: la ley está en venta; los derechos de los más ricos prevalecen.

10. Al mismo tiempo, los procedimientos penales se violan con frecuencia: no se respetan los derechos de la defensa, los expedientes desaparecen del sistema judicial y las audiencias se posponen indefinidamente. La prisión preventiva, que debería ser la excepción, se convierte en la norma y se prolonga durante años, transformando a personas presuntamente inocentes en convictos de facto. Esta denegación de justicia equivale a un doble castigo: la privación de libertad y la negación del derecho a un juicio justo en un plazo razonable.

IV. Por un compromiso para mejorar las condiciones de los presos

11. Como creyentes, no podemos conformarnos con esta situación. La Revelación nos ofrece una luz para discernir y actuar. La dignidad de la persona encarcelada no se borra por sus acciones. Permanece, pues es un don inalienable de Dios. El mandamiento divino: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Lev 19,18; Mt 22,39), se aplica también, y especialmente, a quien es rechazado.

12. La visión cristiana de la justicia no se limita a la retribución. Es restaurativa. Busca la sanación de la víctima, la conversión del culpable y la reparación del tejido social fracturado. Por lo tanto, el encarcelamiento, cuando sea necesario, debe tener un sentido: proteger a la sociedad y ofrecer al condenado un entorno donde, con respeto a su dignidad, pueda reflexionar, arrepentirse y adquirir las habilidades necesarias para una reintegración social exitosa tras su liberación; algo que dista mucho de ser el caso en las condiciones actuales.

13. La llamada en Mateo 25 es clara: nuestra salvación reside en nuestra relación concreta con «el más pequeño de estos hermanos míos», dice Jesús (Mt 25,40). La manera en que tratamos al preso es un criterio de nuestra relación con Dios. Ignorar su sufrimiento es ignorar a Cristo. Trabajar para aliviar su angustia y restaurar la justicia es servir a Cristo.

V. El compromiso de todos con la protección de cada preso.

14. Respecto a cada preso, cada uno de nosotros debe preguntarse, como los oyentes de Juan el Bautista: «Señor, ¿qué haremos?» (Lc 3,14). «¿Y qué haremos?». Así, ante esta tragedia que toca la conciencia humana y el honor de nuestra patria, hago llamamientos concretos:

- Que el Estado ordene el fin de las desapariciones forzadas y arbitrarias, así como de la detención incomunicada. Que haga obligatorio el registro de todas las detenciones en un registro central accesible a las familias y abogados de los afectados.

- Que el Estado implemente reformas que prioricen la justicia y el respeto a la dignidad humana en las cárceles, así como leyes que promuevan penas alternativas, como el servicio comunitario para delitos menores, a fin de reducir el hacinamiento carcelario y promover la rehabilitación. En principio, un delito menor como no tener documento nacional de identidad no debería conllevar la prisión.

- Se debe aumentar el número de jueces para agilizar la tramitación de los casos y acelerar la liberación de personas inocentes, aliviando así el hacinamiento carcelario, ya que al menos el 70% de los detenidos se encuentran en espera de juicio.

- El Estado debe establecer una comisión de investigación independiente y pluralista, integrada por parlamentarios y ciudadanos, sobre todo el sistema judicial y penitenciario, con la publicación pública de sus conclusiones y la implementación de un plan de reforma vinculante.

- La autoridad competente debe dar instrucciones claras y firmes a los responsables de hacer cumplir la ley en el ámbito judicial, garantizando el estricto cumplimiento de los plazos legales para la detención policial, la prisión preventiva y las alternativas a la detención. Que los magistrados y agentes del orden público tramiten el caso de cada acusado, demandado o detenido con respeto a la dignidad humana y al código penal camerunés, con plena justicia e imparcialidad. Que no favorezcan a los poderosos sobre los indefensos, a los fuertes sobre los débiles ni a los ricos sobre los pobres. Que no condenen al inocente y absuelvan al culpable: «Cuando estés en el tribunal, no perviertas la justicia; no muestres parcialidad con el pobre ni favoritismo con el poderoso, sino juzga con justicia a tu prójimo, dice el Señor» (Levítico 19,15). Que renuncien a cualquier intento de distorsionar juicios o sentencias por dinero o tráfico de influencias. La advertencia del Señor sobre este asunto es clara: «Justificar al culpable y condenar al inocente: ¡dos cosas que el Señor aborrece!» (Proverbios 17,15). Que los abogados, que tienen la gran responsabilidad de defender causas, cumplan su misión con completa objetividad, honestidad, respeto y compromiso con la verdad. Que se distingan por su capacidad para defender los derechos de los vulnerables, a veces incluso a costa de sacrificar sus honorarios: «Haced justicia al pobre y al huérfano; “Defender la causa de los necesitados y los afligidos” (Salmo 82,3).

- Que el Estado, a través de la administración penitenciaria, salvaguarde la salud de los reclusos mejorando sus condiciones de detención, tratándolos con humanidad mediante la higiene del entorno penitenciario, proporcionándoles alimentos suficientes y de calidad adecuada, y garantizando la higiene para prevenir enfermedades. Que asegure que los reclusos enfermos reciban la atención adecuada en un entorno apropiado y por parte de personal sanitario que respete su vida y dignidad; que garantice el pago de los gastos médicos relacionados con esta atención, de acuerdo con la llamada de nuestro Señor Jesucristo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo” (Marcos 12,31).

- Que la organización, el funcionamiento y los objetivos de las prisiones se orienten hacia la producción, transformándolas en lugares donde los reclusos reciban capacitación e incluso certificaciones que les permitan fabricar productos de calidad que puedan comercializar fácilmente. De esta manera, podrán cubrir sus necesidades personales, ganarse la vida mientras están en prisión y prepararse para su reinserción social tras su liberación.

- Que el tráfico de diversas formas de drogas, debido a sus graves consecuencias para la salud y el bienestar físico de los reclusos, La capacidad mental y psicológica para valerse por sí mismos y afrontar los retos de la vida tras su liberación debe ser reprimida con toda la fuerza posible en las cárceles.

- Que los familiares de los reclusos no abandonen a sus seres queridos en prisión. Deben mantener vínculos con ellos, y estos vínculos deben reflejarse, entre otras cosas, en visitas frecuentes y no remuneradas a las cárceles y en una voluntad práctica de brindarles apoyo y asistencia genuinos.

- Que la sociedad civil y los medios de comunicación presten especial atención a la situación de los presos en nuestro país y contribuyan a mejorar sus condiciones de vida mediante la sensibilización, la información y la denuncia de los abusos judiciales que vulneran sus derechos. Asimismo, deben apoyar a sus familias, que a menudo se encuentran aisladas y estigmatizadas.

- Que los movimientos y asociaciones católicas, Justicia y Paz, Cáritas, las ONG católicas y las personas de buena voluntad presten mayor asistencia a los presos mediante la oración por magistrados, jueces, abogados, personal penitenciario y sus familias, con miras a mejorar sus condiciones de vida y su conversión.

- Que se involucren en la pastoral penitenciaria apoyando a las capellanías católicas, supervisando y acompañando a los reclusos mediante visitas periódicas, proporcionándoles alimentos y artículos de primera necesidad, asistiendo a los presos enfermos o afligidos, ofreciéndoles apoyo moral, psicológico y legal, y participando en actividades que promuevan su reinserción social. Insto encarecidamente a todos los movimientos y asociaciones a que continúen sus iniciativas y actividades en este sentido.

- Que los niños y jóvenes sean educados e introducidos en nuestras familias, escuelas y parroquias a la práctica de esta obra de misericordia: visitar y ayudar a los presos. Que padres y educadores les enseñen a evitar todo aquello que pueda llevarlos a prisión.

Esforcémonos todos por liberar a nuestros presos. Esta es la misión que el Señor nos encomendó por medio de su profeta: «liberar a los oprimidos» (Isaías 58,6).

CONCLUSIÓN

«Estuve en la cárcel, y vinisteis a verme» (Mt 25,36). Este versículo nos encomienda, invitándonos a ir a nuestros hermanos y hermanas encarcelados. Para cumplir con este deber cristiano, debemos combatir la indiferencia, el miedo y la complicidad silenciosa mediante visitas y asistencia concretas a los presos, denuncias valientes, oración constante y acciones reformistas. Puesto que cada prisionero es precioso a los ojos de Dios (cf. Is 43,4), construyamos juntos una sociedad de compasión y solidaridad activas hacia estos miembros marginados de nuestra sociedad, para que nuestro país no se convierta en un cementerio de derechos humanos ni en un lugar de irrespeto a la vida y la dignidad de los presos. Trabajemos juntos para mejorar sus condiciones de detención y su trato en nuestro país si deseamos construir una sociedad pacífica y próspera. Porque esto no puede ser posible si sus cimientos se asientan en el sufrimiento oculto, la legalización de la injusticia y la omnipresencia de la corrupción. El camino hacia la reconciliación nacional y el verdadero desarrollo pasa necesariamente por la práctica de la justicia para todos, sin excepción. Por lo tanto, hago un llamamiento ferviente y urgente, a la luz del Evangelio, a todos: convirtámonos, reformemos nuestras leyes y prácticas. Trabajemos cada uno, a su manera, para asegurar que nadie en Camerún desaparezca, sea torturado, olvidado o tratado como infrahumano simplemente por estar en manos del sistema judicial y sus mecanismos. Ayudar a los más vulnerables, a los presos, es verdaderamente acercarse a Cristo; al ayudarlos, ayudamos a Cristo mismo.

Que la Virgen María, Consoladora de los Afligidos, interceda por los presos y sus familias. Que San José, él mismo fugitivo y forastero, proteja a todos los privados de libertad. Y que el Espíritu Santo, fuente de toda justicia y paz, guíe nuestros pasos por el camino de la verdadera fraternidad. «La verdad os hará libres» (Jn 8,32).

Dado en Douala, el 29 de junio de 2026, Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo, presos por su fe en Jesucristo.  † Samuel KLEDA, Arzobispo de Douala

 

 


 


sábado, 10 de junio de 2023

ECOS DE LA SABANA nº 209: BABA SIMON, EL MISIONERO DE LOS PIES DESCALZOS

 


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Sábado 10 junio 2023

Baba Simón, el misionero de los pies descalzos
El sábado 20 de mayo, el Santo Padre Francisco reconoció las virtudes heroicas del sacerdote diocesano camerunés don Simon Mpeke. Se convierte así en el primer "beato" camerunés.
Simon Mpeke nació hacia 1906 en Pongo, un pueblo en la densa selva del sur del Camerún, en el seno de una familia de campesinos de la etnia bakoko.

Sus padres no eran cristianos ya que los primeros misioneros católicos habían llegado a la costa de este país solo unos años antes de su nacimiento, en 1895. Tras terminar sus estudios en la escuela misionera católica de los misioneros palotinos de origen alemán, pidió el bautismo, que recibió el 14 de agosto de 1918, cuando tenía 12 años de edad bajo el nombre de Simón. Se hizo profesor y enseñó durante un tiempo.

Hasta entonces los sacerdotes eran todos misioneros extranjeros, alemanes y franceses y se pensaba que los africanos no podían serlo.  En 1921, cuando Simón descubre que « un negro puede llegar a ser sacerdote » no lo duda. Rompe con la joven que le había sido prometida y se pone a estudiar el latín con un pequeño grupo de amigos. En agosto de 1924 entran a formar parte del Seminario Menor de Yaundé, que había abierto sus puertas en julio de 1923. Allí deja el recuerdo de un seminarista excelente, serio, muy piadoso y pacífico.

Forma parte del grupo de los ocho primeros sacerdotes cameruneses ordenados el 08 de diciembre de 1935. Trabajó durante doce años como vicario en una Misión en medio del campo, donde deja el recuerdo de un sacerdote muy celoso y muy espiritual, que maravilla a la gente y se da sin límites.

Marcado por la teología de su época toma una posición muy firme contra las prácticas de la religión tradicional de la región. Tenido como un sacerdote de gran valor, es nombrado en 1947 para la gran parroquia de New-Bell, en Douala, donde será nombrado párroco. Simón da un gran impulso a la parroquia, creando grupos, sosteniendo los movimientos de Acción Católica y las escuelas y estando siempre disponible y con gran generosidad hacia sus feligreses.

La instalación de las fraternidades de los Hermanitos y las Hermanitas de Jesús, a comienzos de los años 1950, le hace descubrir la espiritualidad de Carlos de Foucauld. En 1953 pasa a formar parte del Instituto secular de Hermanos de Jesús y pide un año sabático para hacer su « noviciado » en Argelia.

El será uno de los fundadores a nivel internacional de la Unión Sacerdotal Jesús-Caritas y su primer responsable en Camerún y en África.

Sacerdote muy amado e influyente, fue incluso propuesto con otros dos, al puesto de auxiliar de su Obispo. Hacia 1954 siente la llamada a participar en la evangelización de los pueblos llamados «paganos» del Norte de Camerún. Después de haber largamente reflexionado, llevado por el dinamismo misionero de la Encíclica « Fidei Domun », se convertirá en 1959 en el primer sacerdote secular camerunés misionero en su propio país.

Después de una breve estancia en una comunidad de hermanitos de Jesús, se instala en Tokombéré, en la actual Diócesis de Maroua- Mokolo, a más de mil kilómetros de su pueblo.

En los siglos anteriores, hordas de jinetes musulmanes de origen peul, procedentes de la vecina Nigeria, habían obligado a los clanes que estaban asentados desde la noche de los tiempos en esa fértil llanura a desplazarse hacia las montañas rocosas, para protegerse de sus ataques. Estos pueblo fueron llamados peyorativamente por los musulmanes kirdi, que parece significar cafre o incircunciso.

Enseguida empezó a ser llamado « Baba Simón » (Papa Simón) por la población local. Recorrió las montañas predicando incansablemente el Evangelio a los habitantes de esta región montañosa. Viviendo en una gran sencillez es llamado el « misionero de los pies descalzos », dedicará su vida a luchar contra la miseria en la que esta gente vive. Afirmando, según dice un sabio musulmán, que la miseria es un« enemigo de Dios ».

Su vida de oración intensa y su alegría comunicativa hacen de él un testigo luminoso del amor de Dios incluso en los pueblos más alejados de su extensa parroquia. Bajo su guía y ejemplo, nació una ferviente comunidad cristiana. Una sola pasión animaba a Baba Simón: dar Jesucristo a los Kirdi y darles instrumentos para liberarse de toda esclavitud. Baba Simón insistió sobre la importancia de la escuela. Pero, después de los primeros fracasos, comprendió que era necesario conquistar antes de nada la confianza de los Kirdi. De aquí nació aquella que fue llamada "la escuela bajo el árbol".

A través de la escuela, las estructuras sanitarias, el compromiso contra la injusticia, el acompañamiento de jóvenes y la llamada a la fraternidad universal, permitió una real promoción de poblaciones menospreciadas hasta ese momento. Su preocupación por el diálogo permanente con los responsables de las religiones tradicionales y el encuentro con los musulmanes ha hecho de él un precursor del diálogo intereligioso y le ha merecido el nombre por el cual es todavía venerado después de su muerte, tanto por cristianos como por no cristianos.

Pocos meses antes de morir escribía estas notas: "Todo lo que me rodea respira a Dios. Todo el universo es un hogar de vida. Para ponerse delante de Dios, no se tiene que imaginarlo en otro lugar sino en nosotros donde Él está, en nuestra acción donde Él actúa, en nuestro prójimo donde Él vive. Al morir, nuestro cuerpo será sepultado en la tierra de Dios donde se marchitará en Dios y se despertará en el Océano de la Vida Eterna... ¡Creer es tomar conciencia de la Vida... en Dios"!

Baba Simón escucha, cura y ayuda. Intenta comprender. Él, que en su primera parroquia del Sur, en 1936, rompió los tambores de la religión tradicional, profundiza en su visión espiritual de los hombres y de Dios. Ve el sufrimiento de estos pueblos. A lo largo de sus paseos por la montaña y de sus encuentros, todo se aclara: anunciar a Jesús significa construir al hombre, a todo el hombre, mediante la Buena Noticia. Estos hombres, considerados esclavos, escuchan a Baba Simón decirles que son hijos de Dios, amados por Dios. Y que son hermanos.

Con el paso de los años, Tokombéré se convirtió en el lugar de una inusual experiencia pastoral de promoción humana y espiritual.  El 13 de agosto de 1975 se apagó, agotado del todo, al final de una vida enteramente consagrada a Dios y a los hombres.

Encomendamos esta región del Extremo-Norte de Camerún, tan expuesta permanentemente al grupo terrorista Boko Haram, a la intercesión de Baba Simón, para que los cristianos guarden su sangre fría y continúen dando testimonio de « la Buena Noticia de Jesús ».

 

 

 


viernes, 5 de noviembre de 2021

ECOS DE LA SABANA nº 143

 

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Jueves 4 Noviembre 2021
CUENTA LO QUE HAS VISTO Y OIDO: liberación después de un largo secuestro

Hemos acabando este mes de Octubre, mes de la misión, que nos ha invitado a “CONTAR LO QUE HEMOS VISTO Y OIDO”, y creo que es una bendición de Dios el poder contar con la historia y el testimonio de una misionera que nos muestra que lo ha dado todo al Señor y a sus herman@s a los que ella fue enviada hace unos años en Mali, en el centro de África.

La hermana Gloria Cecilia Narváez, es una religiosa colombiana de la comunidad de las Franciscanas de María Inmaculada de 59 años de edad, que hasta el 2017 llevaba seis años como misionera en Mali en la parroquia de Karangasso, en la zona fronteriza entre Mali y Burkina Faso, a unos 400 kilómetros al sur de la capital Bamako, y que antes de llegar allí estuvo otros 6 años en Benín.

El 7 de febrero de 2017, sin duda alguna, es una fecha que nunca olvidará pues fue secuestrada por cuatro hombres armados pertenecientes a un grupo extremista islámico que tanto daño está haciendo en esos países del África central-occidental. Unos meses después de su secuestro, en julio de 2017,  apareció en un vídeo reivindicado por Al Qaeda. Desde entonces la comunidad cristiana de Bamako rezaba por ella, y en 2020 la Iglesia católica del país organizó una jornada de oración por su liberación. 

Han sido 4 años y 8 meses de secuestro, de privación de libertad, de miedo por su estado de salud frágil, de oraciones y llamadas de líderes políticos y religiosos y de esfuerzos conjugados de varios servicios de inteligencia. Y podemos decir, gracias a Dios, que se han visto coronados por un final feliz el sábado 9 de octubre, día de su liberación. La noticia corrió como la pólvora después de un comunicado de parte de la presidencia de Malí en donde anunciaban su liberación y saludaban "el coraje y la valentía de la hermana Gloria Cecilia".

Las primeras imágenes que tenemos de la hermana en su visita al presidente de Mali acompañada por el obispo de Bamako, la vemos con su vestido amarillo chillón y nos cuesta un poco reconocerla. Las palabras que allí pronunció fueron “que Dios bendiga a todos los que han colaborado para permitir mi liberación, que Dios bendiga a Mali” Ese mismo día fue llevada a Roma, sede central de su congregación y al día siguiente, domingo 10, participo en la eucaristía presidida por el papa Francisco quien la saludó, abrazó, bendijo y dio gracias por su liberación. Ya en 2019 el mismo papa había hecho un vídeo pidiendo por su liberación. Allí en Roma sus primeras palabras fueron pocas pero profundas: "Siempre me aferré a Dios”.

La hermana Gloria Cecilia permaneció en su comunidad franciscana de Roma durante unos días, y allí  realizó los correspondientes exámenes médicos y psicológicos antes de regresar a su país, Colombia. Después de unos días de su llegada a Colombia hizo estas declaraciones: “¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?”, comenzaba la hermana Gloria Cecilia y enseguida elevó una “acción de gracias a Dios porque lo he sentido cercano en este cautiverio”. Después  continuó agradeciendo al papa Francisco, así como a los gobiernos de Italia, Mali, al de Colombia y a su familia. “A todas aquellas personas que oraron por mí e hicieron posible mi liberación y a aquellas que me han fortalecido con sus detalles y gestos de fraternidad un sincero Dios les pague”, culminó.

Edgar una de sus hermanas, comentaba que fue muy doloroso darle la noticia de la muerte de nuestra madre Rosa había fallecida en noviembre de 2020”. Y comentaba: “mi madre era como mi amiga, más que una mamá era como mi compañera, una señora de buen carácter, como Gloria, creo que de ahí lo heredó. Muy buena gente, con un corazón enorme. Mi madre nunca tuvo problemas con nadie; ella rezaba todas las noches, y rezó como más de 1.600 rosarios por su liberación, y creo que ella también tiene parte en esto. Rosita –como la llamaban cariñosamente– ya estaba cansada y “muy viejita, empezó a bajar de peso, a complicarse físicamente. Ella me dijo, horas antes de morir, que, cuando recibiera a mi hermana, le dijera que siempre la estuvo esperando, que rezó por ella en estos años: ‘Recíbanla con todo el amor que no podré’, fue su última voluntad”.

El padre Gigi Maccalli, misionero de la Sociedad de Misiones Africanas, fue secuestrado en su misión en Níger el 17 de septiembre de 2018 y luego liberado el 8 de octubre de 2020, al enterarse de la liberación de la hermana Gloria Cecilia hablaba con las siguientes palabras: "Alegría, alegría, alegría". El padre Gigi publicaba hace poco un libro con el título "Cadenas de libertad". Dos años secuestrado en el Sahel",  en el que narra toda su experiencia, el haber pasado meses en el desierto, el silencio y el llanto, pero con la experiencia de llevar cadenas que liberaron su espíritu. Y afirma: "mis pies estaban encadenados, pero mi corazón no. Se abrió un espacio que me llevó a vivir la misión de una manera nueva. Mi corazón caminó".

El padre Gigi hacía una entrevista en los días posteriores a la liberación de la hermana Gloria Cecilia en la que decía: “Sentí una inmensa alegría cuando me enteré de su liberación; para mí fue como revivir, hace apenas un año, mi liberación. No hay palabras, mi corazón saltó de alegría, comencé a enviar mensajes a amigos, a personas a las que había pedido que siguieran rezando por la liberación de los rehenes. Alegría, alegría, alegría. Una inmensa alegría cuando me llegó esta noticia”.

A la pregunta “habiendo vivido una experiencia similar, ¿qué significa volver a la libertad y qué cree que sintió la hermana Gloria cuando se sintió libre?”, el padre Gigi respondió: “Uno comprende el valor de la libertad cuando se pierde. La experiencia del encierro, de la soledad, nos hace crecer en la conciencia de lo hermosa que es la vida cuando está llena de amor y libertad. Volver a encontrar la libertad, después de una experiencia de encierro, es volver a la vida, a vivir plenamente, y es una experiencia única cuando se ha experimentado la soledad. Es una experiencia única cuando se ha experimentado la soledad, se comprende que no es bueno que el hombre esté solo, estamos entrelazados con el amor y la libertad, la relación con los seres queridos, con Dios, con el mundo, ¡esto es la vida! El cautiverio nos quita lo esencial, como poder abrazar, conocer, poder ir libremente y abrazar a las personas que queremos. Para mí esto es ser libre, poder amar, poder vivir plenamente, este tejido hace que la vida sea bella: el amor y la libertad.

Yo digo que nada es imposible para los que rezan, para los que creen, para los que esperan. La oración es energía positiva, es espacio, es vacío disponible para la llegada de Dios. El Evangelio del domingo también decía que lo que es imposible para los hombres no es imposible para Dios. Creo que la oración permite que Dios entre en los corazones de la gente en el mundo, seguimos rezando, seguimos apoyando a los que sufren, a los que están solos, a los que están olvidados. Los frutos de tanta oración -lo he experimentado- han calentado mi corazón, han sostenido mi encierro y hoy estoy aquí para testimoniar que gracias a esta oración coral e incesante, he vuelto a encontrar la libertad. Para mí el icono de esto es lo que encuentro en los Hechos de los Apóstoles donde se dice que, mientras Pedro estaba en la cárcel, una oración incesante subía de la Iglesia por él. Esta oración incesante rompe las cadenas y produce frutos de libertad. Nada es imposible para los que rezan”.

Y quiero concluir con esta oración que fue compuesta por una religiosa justo el día siguiente de la liberación de la hermana Gloria Cecilia.

TE ESPERÁBAMOS
Te esperábamos,
llegaste vestida de pluralidad,
amarillo tu traje,
verde e intacta tu esperanza,
curtida tu piel,
y color sangre ofrenda tu experiencia. 

Llegaste justo hoy,
cuando el Espíritu aletea
sinfonías sinodales;
cuando nos urge a lo común
y nos dispone a la escucha.
 
Volviste para recordarnos,
donde debemos estar los consagrados:
en el lugar del riesgo,
en los recodos
en los que se expresa plural la vida,
en los espacios en los que la sororidad,
implica darse
hasta las últimas consecuencias.
 
¡Llegaste y estamos alegres!
 
Hermana Gloria,
hermana de todos
tus hermanos y hermanas,
hermana de los últimos
y los desheredados.
Narración viva
de lo más auténticamente cristiano.
 
Hoy, tú eres la Palabra,
y tu testimonio confirma,
más allá de la retórica ,
lo que significa ser discípulos misioneros.
 
Nos alegra tu libertad,
…¿será que verte,
y verlo a Él en ti,
también a nosotros nos libera?
Liliana Franco Echeverri, odn

Parábola hindú.

Un príncipe oriental, para dar una lección a sus súbditos sobre la búsqueda de Dios, hizo reunir un día a muchos ciegos. Después ordenó que se les mostrase el mayor de sus elefantes sin decirles qué animal tenían delante. Cada ciego se acercó al elefante y le tocaron en diversas partes de su cuerpo. Al final el príncipe preguntó qué había palpado cada uno. El que había tocado las piernas dijo que un tronco arrugado de un árbol. El que había tocado la trompa, una gruesa rama nudosa. El que había tocado la cola, una serpiente desconocida. Un muro, dijo el que había tocado el vientre. Una pequeña colina, el que había tocado el lomo. Como no se ponían de acuerdo entre ellos, comenzaron a discutir. El príncipe interrumpió la discusión: - Esta pequeña muestra os hacer ver cómo de las grandes cosas conocemos muy poco, y de Dios casi nada

 


viernes, 29 de octubre de 2021

ECOS DE LA SABANA Nº 142


PINCHA EN LA FOTO DE ANA PARA VER EL ALBUM DE FOTOS

 Jueves 28 Octubre 2021
CUENTA LO QUE HAS VISTO Y OIDO: Testimonio de la hermana Ana Gutiérrez desde el Congo

Estamos ya en los últimos días de este mes de Octubre, mes de la misión, que nos ha invitado a “CONTAR LO QUE HEMOS VISTO Y OIDO”, y quiero compartir con vosotros este testimonio lleno de vida, de experiencias concretas, de esperanza y de ilusión que he recibido de la amiga misionera Ana Gutiérrez, religiosa esclava del sagrado corazón de Jesús, misionera y médico que después de más de 12 años de trabajo en Camerún desde hace un año se encuentra en la RDC, República Democrática del Congo. Allí acompaña a jóvenes congolesas que quieren consagrar su vida a la misión y sigue ejerciendo su pasión que es también su ministerio de médico. Vive en un barrio periférico de Kinshasa, la capital de este inmenso país casi 5 veces mayor que España, y es desde allí que nos escribe contándonos LO QUE HA VISTO Y OIDO. Le dejo la palabra a ella para que veamos y oigamos con sus ojos y con sus oídos.

“Qué bonito es este lema propuesto para la celebración de la Jornada Mundial de las Misiones.
Voy a intentar contaros algo de lo que yo he visto y oído en estos 13 años de experiencia misionera en África como Esclava de Sagrado Corazón de Jesús.

HE VISTO Y OÍDO la presencia sobreabundante de Dios en mi vida y en la de los demás. Un Dios que me habita, que me crea y me recrea cada día. Un Dios que me consuela para poder consolar a otros, un Dios que es alegría, paz, gozo, refugio y fortaleza.

HE VISTO, OÍDO Y VIVIDO una fraternidad universal, he vivido y trabajado mano a mano, en momentos críticos a veces, con gente de distintas razas, edades, naciones, culturas, etcétera y eso no ha sido impedimento, al contrario, cada una aporta desde lo que es y eso crea riqueza, diversidad, amplitud, creatividad que hace avanzar las cosas.

HE VISTO, OÍDO Y TOCADO mucho sufrimiento, enfermedad, muerte, en algunos casos exceso de mal, pero unido a eso he visto exceso de vida, he visto luchar cada día para buscar algo que comer o pagar unas medicinas.

HE VISTO Y OÍDO mucha vida que nace, vidas humanas y vida espiritual, oportunidades nuevas, experiencias nuevas. Dios nos provoca siempre novedad, si le dejamos y nos abrimos a su gracia.

HE VISTO Y OÍDO gente maravillosa religiosos y religiosas, laicos y laicas, sacerdotes, personas creyentes y no creyentes que dan su vida cada día de manera callada sin hacer ruido pero que realizan obras maravillosas. Personas que luchan por un mundo nuevo que dan su tiempo, dinero, valores y su vida entera a favor de los que más sufren. Hombres y mujeres que entregan su vida, su cuerpo hasta el extremo, diezmados muchas veces por enfermedades tropicales que quitan vida, pero ahí siguen dándose y entregando cada día su cuerpo y su sangre.

HE VISTO Y OÍDO las semillas del Verbo expandidas en el mundo, en distintas confesiones religiosas, distintas creencias, pero todas habitadas por una sed de lo divino y por un deseo de ser mejores y construir un mundo mejor.

HE VISTO Y OÍDO a muchos profesionales de la salud que luchan cada día por salvar vidas, luchando contra tanta mortalidad materna e infantil, luchando contra la estigmatización provocada por ciertas enfermedades como el SIDA, el cáncer, la esterilidad, luchando contra las acusaciones de brujería, luchando contra la violencia contra la Mujer y contra los niños, sobre todo la violencia sexual.
HE VISTO Y OÍDO crecer a mucha gente a nivel profesional, contentos de aprender, he visto cómo han ido cambiando ciertas prácticas por el bien de los enfermos y de los alumnos; eso es educación evangelizadora.

HE VISTO Y OÍDO verdaderas estructuras de gracia: colegios, hospitales, centros sociales, centros de desarrollo en medio de lugares de extrema pobreza qué son verdaderos lugares de gracia, incluidos los de nuestra Congregación, a los que seguro que Santa Rafaela María le gustaría llamar “Casas de Reparación”
HE VISTO nuestro carisma extenderse en distintos países, echando raíces en tierras africanas viviendo intensamente la Reparación, la Educación Evangelizadora, la Adoración apostólica.
HE VISTO una Iglesia local que busca su propia identidad, que busca hacerse presente en las familias concretas, qué lleva la celebración eucarística a las casas y personas concretas intentando poner a Cristo en el centro de la vida de cada persona.

Siento que es una gracia todo lo que HE PODIDO VER Y ESCUCHAR en mi vida. Hay muchas imágenes que se quedan grabadas en la memoria. Los misioneros lo más fuerte que vivimos no lo contamos, pero se queda grabado en nuestro cerebro y en nuestro corazón como experiencias de gracia, aunque sea un misterio pascual. Os invito a que cada uno de vosotros sea capaz de preguntarse hoy :

¿Qué he visto y oído en mi vida que me habla de Dios? ¿Qué me habla del Reino? ¿Qué experiencias me hablan de la presencia amorosa de Dios en mi vida y en la de los demás?

Ana Gutiérrez Martínez,

 

viernes, 22 de octubre de 2021

ECOS DE LA SABANA nº 141

PINCHA EN LA FOTO DE ARRIBA PARA VER EL VIDEO DE LA ENTREVISTA DE ANTXON SERRANO Y EN EL DE ABAJO PARA VER EL TESTIMONIO DE ALEJANDRO BRAMANTE

PINCHA ABAJO ASI PODRAS ESCUCHAR Y VER DE NUEVO LA CANCION DE BEBEN CON SU TRADUCCION SIMULTANEA



 

viernes, 23 de abril de 2021

FOTOS Y VIDEOS DE ECOS DE LA SABANA nº 127


 PINCHA EN LA FOTO DE ARRIBA PARA VER LOS VIDEOS DEL FUNERAL DE BEPPE 
Y EN LA DE ABAJO PARA VER FOTOS SUYAS




ECOS DE LA SABANA nº 127

 

Viernes 23 Abril 2021
La hermana muerte se lo llevó sin avisar.

Unos meses después de su llegada a Chad, como lo veían robusto y fuerte, y con un muy buen apetito le pusieron el nombre de “gariamma”, que significa hipopótamo en idioma masa, hablado en el noreste de Camerún y en el suroeste de Chad. Sus padres lo bautizaron poniéndolo bajo la protección de san José y lo llamaron Giuseppe; pero era conocido por todos como BEPPE. Cuando tenía 36 años, en 1986, dejo su hermosa Italia y llegó a su querida y soñada África después de unos meses de estudio del francés.

Muchas veces me contó sus primeros pasos por tierras africanas dedicados sobre todo al estudio del idioma “masa”, del que fue un gran conocedor. Fue un misionero oblato quien le introdujo y le ayudó a dar sus primeros pasos en este idioma tan complicado y desconocido para él, y después de unos meses le invitó a irse a un poblado, perdido en medio de la sabana, para impregnarse de la lengua y de la cultura de ese pueblo. Me contaba cómo esos primeros meses no fueron nada fáciles por la dificultad del idioma, por la adaptación a la comida de allí, todos los días un puré o una pasta hecha de mijo rojo que al cabo de un tiempo costaba tragar. También el hecho de encontrarse con una realidad y unas tradiciones tan distintas de las que él había conocido en su pueblo, Gavarno di Nembro, cerca de Bérgamo en el norte de Italia.

Poco a poco fue adaptándose a esa nueva realidad, fue aprendiendo el idioma masa y descubriendo esa hermosa cultura de la que se enamoró y en donde estuvo trabajando 25 años. Siempre a orillas de río Logone que hace de frontera entre Camerún y Chad, unas veces en la orilla izquierda en Camerún, en Gobo y Masa Kudueita, y otras en la orilla derecha en Chad, en Bongor.

Nos encontramos por primera vez en el verano del 1990. Yo estaba estudiando en Yaundé, Camerún y durante el verano estuve varias semanas con él conociendo la misión en donde él estaba y el trabajo que los compañeros hacían. Me sorprendió desde el principio ver cómo Beppe quería a la gente, era un hombre alegre, muy cercano a la gente, le gustaba ir a los pueblos, visitar a la gente en sus casas y eso le ayudó a hacer amistad con muchas personas. También me sorprendió su serenidad y su sabiduría, no le gustaba hablar rápido ni dar juicios precipitados, siempre ponderando lo que decía. También me sorprendió su dominio del idioma masa. A partir de ahí él siempre me llamaba “piccolo” que significa pequeño en italiano, y desde ahí comenzó una fuerte amistad que nos ha acompañado siempre. A partir de ahí nos hemos encontrado muchísimas veces, ya que yo en el 1993 fui destinado al Chad y aunque no vivíamos en la misma comunidad ni trabajábamos en la misma zona, por distintos motivos nos encontrábamos varias veces al año.

Fue en febrero del 2014 que llegó a Yaundé, después de haber tenido unos problemillas de salud que le hacían difícil su presencia en Chad, y a partir de entonces nos hemos encontrado a vivir y a trabajar juntos en la misma comunidad de Yaundé. Yo llevaba allí poco más de un año echando una mano en la formación de los futuros misioneros que allí estudian teología, y también colaborando en el trabajo en la parroquia de Jesús el Buen Pastor. Después de unos meses allí, Beppe fue nombrado párroco y han sido 6 años y medio los que hemos estado juntos y en los que hemos compartido tantas alegrías y dificultades, en los que nos hemos ayudado, aconsejado, sostenido, apoyado y dado ánimos para seguir adelante.

Beppe seguía con sus buenas costumbres de ir al barrio a visitar a la gente, enfermos o personas que iba conociendo, y sentarse a hablar con ellos, escuchando sus problemas y dejándose afectar por ellos. Con él no había horario de despacho ni día de descanso; todos los días y a todas las horas estaba disponible para recibir a los que venían a verlo, a presentarle sus problemas, a pedirle consejo, a buscar un oído atento a sus penas, y a veces, también una ayuda material. Cuantas veces le he dicho que él no era una máquina y necesitaba también descansar, tomarse un poco de tiempo libre, despejarse de tantos problemas y preocupaciones; pero eran palabras que solían caer en oídos sordos.

Una de sus pasiones era echar una mano a la gente necesitada, y para esto se apoyó mucho en el grupo de Cáritas de la parroquia, para poder responder a las necesidades de tantísimas personas que iban a la parroquia a solicitar todo tipo de ayudas. Además quiso rodearse de un grupo de personas muy entregadas y competentes que le ayudaban, aconsejaban y apoyaban.

Cuántas veces me dijo que una de sus mayores frustraciones era el de sentir que no lograba comunicar con los cientos de jóvenes que participaban en la vida de la parroquia. Me decía que no lograba utilizar el lenguaje adecuado para hablarles a pesar de que él estaba siempre rodeado de jóvenes, era muy cercano a ellos y que los apoyaba en todo lo que podía. Sentía ese pesar de no lograr comunicar en el lenguaje que ellos lo hacían.

Una de sus perlas a la que dedicó mucho tiempo, energías, cariño y atención fue el acompañamiento de las parejas de jóvenes que vivían en su mayoría juntos sin haber celebrado la boda. Logró crear un grupo por el que pasaron más de 100 parejas y en el que con regularidad se encontraban unas 30 para reflexionar sobre sus vidas y los desafíos que se les planteaban.

Beppe recibió en herencia del compañero que le precedió como párroco terminar la construcción de una grandísima iglesia que llevaba unos 10 años en construcción. La capilla construida por nuestros compañeros al inicio en 1986 se había quedado muy pequeña y había necesidad de hacer algo más grande, pero su predecesor comenzó algo enorme y claro está, con un presupuesto también muy grande. ¡Cuántas reuniones y quebraderos de cabeza para hacer avanzar los trabajos, para recaudar fondos entre los cristianos, para visitar a la gente más influyente y solicitar su apoyo! Nuestro barrio es un barrio muy popular compuesto de gente sencilla  y sin muchos recursos económicos, pero estos años han sido un ejemplo de ver, cómo motivados y animados por él, la gente colaboraba, se animaba y como la viuda del evangelio con muchos céntimos lograban hacer mucho. Precisamente el día del domingo de pascua, 10 días antes de su muerte, celebraron la fiesta de la cosecha para recaudar fondos para terminar de poner el tejado. Se recaudaron algo más de 6 millones de francos, que equivalen a unos 9.200 E, una cifra hasta entonces nunca lograda. Con ese dinero se logró poner todo el tejado. Todos estaban orgullosos pues después de casi 6 años de mucho esfuerzo se había logrado cubrir la iglesia.  Se quería inaugurar el domingo 25 de abril, fiesta de Jesús el Buen pastor, patrón de la parroquia, con la presencia del obispo. Desgraciadamente se inauguró con la misa precipitada de su funeral antes de ir a enterrarlo a Duala.

A Beppe le gustaba llevar siempre un pantalón vaquero y unas zapatillas, a veces agujereadas. Un amigo lo llamaba el cowboy. Más de una vez, sobre todo cuando iba a visitar a alguna autoridad del barrio o de la ciudad, me preguntaba: ¿Qué tal voy? Alguna vez le dije que era mejor cambiar el pantalón o las zapatillas y enseguida lo hacía.

En medio de su ajetreo, muy a menudo lo veía pasar grandes ratos de silencio y de oración en la capilla. Y sobre todo por la noche, después del ajetreo del día, le gustaba quedarse ahí en silencio ante el Señor presentándole las personas y las situaciones que había encontrado durante el día.

A Beppe con poco se le ponía contento, pero algo que no fallaba era un buen plato de espaguetis, un trozo de salami o de formaggio (fiambre y queso) y un vaso de un buen vino. Con él habíamos creado un lenguaje que pocos comprendían y cuando uno iba de vacaciones se le invitaba a volver con las últimas “encíclicas” para poder saborearlas. Alguna vez, a media mañana, me enviaba un sms que decía: “encíclica”, y era una invitación para ir al comedor y sentarnos un rato alrededor de un poco de fiambre o de queso, según “la encíclica” que tuviéramos en ese momento.

Otro aspecto que siempre me ha sorprendido de Beppe fue su sencillez y humildad. Era un hombre profundo y con ideas, pero no le gustaba monopolizar, siempre buscaba otros sacerdotes para animar los retiros, las charlas, y él discretamente sabía quedarse de lado.

Le gustaba mucho hablar con su familia y hablar de ellos, y se veía el cariño y la pasión que sentía por ellos. Admiraba la figura de su padre, un gran trabajador pero sobre todo un hombre con una gran fe. Los admiraba y decía que había aprendido mucho de ellos. Hablaba de sus hermanos y sobre todo de su hermana que era para él casi como una madre, atenta y servicial.

Beppe era un javeriano convencido hasta la médula, orgulloso de serlo, hermano entre los hermanos, muy apreciado por su juicio, su discreción, por su forma de ser, por su cercanía y proximidad a todos. Varias veces fue propuesto como superior pero a él no le gustaba estar en la cabeza, tener puestos de responsabilidad, prefería que otro lo hiciera y se quedaba en segundo lugar.

Cuando el viernes 16 hacia las 8h00 de la mañana vi el mensaje que anunciaba su muerte, no me lo creía. Había hablado con él una semana antes y leído un mensaje suyo justo el día anterior por la tarde en el que daba el pésame por un joven de la parroquia que acababa de fallecer. Al poco llegó un mensaje en el que anunciaban que iban a enterrarlo a Duala en nuestra casa en donde están enterrados todos los compañeros que han muerto en Camerún y que se harían una parada en la parroquia para celebrar la eucaristía y así los que pudieran fueran a saludarlo y despedirse de él. Como veréis en los videos y en las fotos, la noticia corrió como la pólvora y lo que allí se vivió es difícil de contar. Desde ese día muchas han sido las llamadas de amigos de allí, y las muestras de dolor, de cariño y de cercanía que he recibido. Con estas palabras quería solo hacer un homenaje póstumo a este hombre que vivió con intensidad, supo ser siempre una persona discreta, estuvo cerca de todos pero sobre todo de los más necesitados, y ha muerto sin hacer ruido ni molestar en medio de los que quería. Descanse en paz, “el Señor ha dado, el Señor ha quitado”, que el nombre del Señor sea alabado. 

ENÉRGICO COMO SU FE

Me ha costado mucho encontrar palabras para comenzar este homenaje al Padre Joseph Pulcini, por lo denso y profundo que ha sido su estar aquí con nosotros. Creo que tendrá que transcurrir una eternidad para que nos demos cuenta que en adelante ya no podremos contar con su presencia física. Desde que falleció, cuando me encuentro en el recinto de la parroquia me habita la tenaz impresión de que nos vamos a encontrar, que me va a recordar que no me olvide de tal o cual otro encuentro, que me va a invitar a su despacho… con el nunca faltaban temas.

La última vez que tuvimos el tiempo de hablarnos físicamente durante un largo tiempo fue exactamente una semana antes de su muerte, el viernes 9 de abril. Aquel día fue particular. El padre de un alumno mío había fallecido hacía ya casi un mes y aquel día, después de sacar el cadáver de la morgue, se iba a celebrar en nuestra parroquia una misa de réquiem. Presencié esa celebración mucho más como apoyo a mi alumno que por ser parroquiano, pero mi calidad de responsable de los jóvenes se reveló ser determinante, porque este estatus me permitió ayudar a la familia del difunto.

En efecto el padre Beppe ya llevaba unos días estando enfermo. Ocurrió que aquel viernes entre los cuatro curas que están en la comunidad javeriana de Oyom-Abang, sólo estaban el padre Renzo y él. Beppe en su agenda tan sólo tenía apuntado el programa de una misa de réquiem. La primera, fue celebrada por el padre Renzo y era la que no venía señalada en la agenda del párroco, tal vez porque estaba enfermo y podía habérselo olvidado, porque la primera misa en cuestión era para una feligresa que participaba en un grupo de la parroquia. No se dio cuenta de ello hasta que vine a su casa para señalarle que le estaban esperando con el cadáver para celebrar la misa. Se sentía muy mal, pero hizo esfuerzos sobrehumanos para celebrar aquella misa, dado que su colega Renzo ya había celebrado la primera tampoco estaba muy bien que digamos.

Mientras se le esperaba fui a preparar lo necesario con la secretaria de la parroquia. Pasaron más de treinta minutos. La secretaria y yo fuimos de nuevo a buscarle, todos ya se impacientaban y susurraban su disgusto. Por suerte encontramos a Beppe en la puerta de la comunidad, saliendo de casa. Mientras subíamos me dijo que tendría que sentarme a su lado en el altar por si está a punto de desplomarse durante la misa. Me imaginé la cosa muy rara, yo que nunca he sido monaguillo. Decidimos que me sentaría más bien donde los lectores y así fue. Por suerte, pudo llevar a cabo la celebración sin incidente, aunque tengo que confesar que lo hizo tan rápidamente que no sé si duró 30 minutos. Esos acontecimientos me hicieron tomarme muy en serio la gravedad de su enfermedad y constituyen el último recuerdo mío colaborando con él. Lo que pasó aquel día es casi un resumen de lo que fue toda su vida, al menos tal como la vivió con nosotros: un sacerdote más actor social que cura, que consiente sacrificio extremos para satisfacer al prójimo, un personaje eficaz en la discreción.

El miércoles, antes del viernes del que hablo, me dijo que no estaba bien y por esto el día siguiente, el jueves, no podríamos presenciar juntos la reunión mensual de zona (cada primer jueves del mes) en la que participan los representantes de unas once parroquias de la zona para concertarse, mutualizar los esfuerzos y compartir las experiencias para mejorar su pastoral. Habíamos preparado nuestra participación en esta reunión zonal durante un mes y el objetivo era hablar de las modalidades logísticas y protocolarias (tomando en cuenta el contexto general de crisis sanitaria) relativas a la celebración de la fiesta de Jesús el Buen Pastor, patrón de nuestra parroquia. Para la circunstancia, se iba a contar con la presencia del obispo que iba a confirmar a los candidatos procedentes de todas las parroquias de la zona. El hecho de que no pudo participar en este encuentro tan importante para nosotros, ya desde el principio, me hizo saber que a nuestro Beppe, tal como le conocíamos, le estaba sucediendo algo serio.

En homenaje al Padre Joseph Pulcini que representaba un testimonio vivo de la alegría y del orgullo misionero de seguir los pasos de Cristo en el cotidiano, en las cosas ordinarias; prefiero recordar esos últimos momentos que compartí con él, una semana antes de su desaparición física. Son muestras de que, en realidad, en tanto cristianos, no tenemos ningún motivo para quejarnos. En todos los recuerdos que tengo de él veo a una persona extremadamente sencilla, discreta en la acción, pidiendo la opinión hasta de los pequeños, buscando entender a la gente, hablar su lengua y su lenguaje. Siempre me decía que está abierto para cualquier proyecto que fuera para animar a los jóvenes y evangelizar según sus códigos.

La vida y la energía que manifestaba en su humanidad no podían ser sino el reflejo exterior de la profunda fe que le habitaba por dentro. Con su muerte hemos perdido a una persona que, por su forma de tratar a la gente, había pasado a ser amigo y familiar de todos. En Oyom-Abang, nuestro barrio, no están de luto solamente los católicos, sino también los evangélicos, los no creyentes y muchos otros que habían sido también irradiados por la energía positiva que desprendía por donde pasaba. Era enérgico como su fe.

Gildas Douanla.                        


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