viernes, 22 de octubre de 2021

ECOS DE LA SABANA nº 141

PINCHA EN LA FOTO DE ARRIBA PARA VER EL VIDEO DE LA ENTREVISTA DE ANTXON SERRANO Y EN EL DE ABAJO PARA VER EL TESTIMONIO DE ALEJANDRO BRAMANTE

PINCHA ABAJO ASI PODRAS ESCUCHAR Y VER DE NUEVO LA CANCION DE BEBEN CON SU TRADUCCION SIMULTANEA



 

viernes, 15 de octubre de 2021

ECOS DE LA SABANA nº 140

 


PINCHA EN LA FOTO DE ARRIBA PARA VER EL VIDEO DEL DOMUND DE ESTE AÑO 2021, Y EN LA DE ABAJO PARA VER UN VIDEO DE LOS MARTIRES MISIONEROS JAVERIANOS HECHO POR LOS COMPAÑEROS DE MEJICO, EN LA ULTIMA PODRAS ESCUCHAR EL HIMNO DEL DOMUND DE ESTE AÑO, VERAS QUE TE GUSTARÁ

 




MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES 2021
 

«No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20)

Queridos hermanos y hermanas:

Cuando experimentamos la fuerza del amor de Dios, cuando reconocemos su presencia de Padre en nuestra vida personal y comunitaria, no podemos dejar de anunciar y compartir lo que hemos visto y oído. La relación de Jesús con sus discípulos, su humanidad que se nos revela en el misterio de la encarnación, en su Evangelio y en su Pascua nos hacen ver hasta qué punto Dios ama nuestra humanidad y hace suyos nuestros gozos y sufrimientos, nuestros deseos y nuestras angustias (cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 22). Todo en Cristo nos recuerda que el mundo en el que vivimos y su necesidad de redención no le es ajena y nos convoca también a sentirnos parte activa de esta misión: «Salid al cruce de los caminos e invitad a todos los que encontréis» (Mt 22,9). Nadie es ajeno, nadie puede sentirse extraño o lejano a este amor de compasión.

La experiencia de los apóstoles

La historia de la evangelización comienza con una búsqueda apasionada del Señor que llama y quiere entablar con cada persona, allí donde se encuentra, un diálogo de amistad (cf. Jn 15,12-17). Los apóstoles son los primeros en dar cuenta de eso, hasta recuerdan el día y la hora en que fueron encontrados: «Era alrededor de las cuatro de la tarde» (Jn 1,39). La amistad con el Señor, verlo curar a los enfermos, comer con los pecadores, alimentar a los hambrientos, acercarse a los excluidos, tocar a los impuros, identificarse con los necesitados, invitar a las bienaventuranzas, enseñar de una manera nueva y llena de autoridad, deja una huella imborrable, capaz de suscitar el asombro, y una alegría expansiva y gratuita que no se puede contener. Como decía el profeta Jeremías, esta experiencia es el fuego ardiente de su presencia activa en nuestro corazón que nos impulsa a la misión, aunque a veces comporte sacrificios e incomprensiones (cf. 20,7-9). El amor siempre está en movimiento y nos pone en movimiento para compartir el anuncio más hermoso y esperanzador: «Hemos encontrado al Mesías» (Jn 1,41).

Con Jesús hemos visto, oído y palpado que las cosas pueden ser diferentes. Él inauguró, ya para hoy, los tiempos por venir recordándonos una característica esencial de nuestro ser humanos, tantas veces olvidada: «Hemos sido hechos para la plenitud que sólo se alcanza en el amor» (Carta enc. Fratelli tutti, 68). Tiempos nuevos que suscitan una fe capaz de impulsar iniciativas y forjar comunidades a partir de hombres y mujeres que aprenden a hacerse cargo de la fragilidad propia y la de los demás, promoviendo la fraternidad y la amistad social (cf. ibíd., 67). La comunidad eclesial muestra su belleza cada vez que recuerda con gratitud que el Señor nos amó primero (cf. 1 Jn 4,19). Esa «predilección amorosa del Señor nos sorprende, y el asombro —por su propia naturaleza— no podemos poseerlo por nosotros mismos ni imponerlo. […] Sólo así puede florecer el milagro de la gratuidad, el don gratuito de sí. Tampoco el fervor misionero puede obtenerse como consecuencia de un razonamiento o de un cálculo. Ponerse en “estado de misión” es un efecto del agradecimiento» (Mensaje a las Obras Misionales Pontificias, 21 mayo 2020).

Sin embargo, los tiempos no eran fáciles; los primeros cristianos comenzaron su vida de fe en un ambiente hostil y complicado. Historias de postergaciones y encierros se cruzaban con resistencias internas y externas que parecían contradecir y hasta negar lo que habían visto y oído; pero eso, lejos de ser una dificultad u obstáculo que los llevara a replegarse o ensimismarse, los impulsó a transformar todos los inconvenientes, contradicciones y dificultades en una oportunidad para la misión. Los límites e impedimentos se volvieron también un lugar privilegiado para ungir todo y a todos con el Espíritu del Señor. Nada ni nadie podía quedar ajeno a ese anuncio liberador.

Tenemos el testimonio vivo de todo esto en los Hechos de los Apóstoles, libro de cabecera de los discípulos misioneros. Es el libro que recoge cómo el perfume del Evangelio fue calando a su paso y suscitando la alegría que sólo el Espíritu nos puede regalar. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos enseña a vivir las pruebas abrazándonos a Cristo, para madurar la «convicción de que Dios puede actuar en cualquier circunstancia, también en medio de aparentes fracasos» y la certeza de que «quien se ofrece y entrega a Dios por amor seguramente será fecundo» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 279).

Así también nosotros: tampoco es fácil el momento actual de nuestra historia. La situación de la pandemia evidenció y amplificó el dolor, la soledad, la pobreza y las injusticias que ya tantos padecían y puso al descubierto nuestras falsas seguridades y las fragmentaciones y polarizaciones que silenciosamente nos laceran. Los más frágiles y vulnerables experimentaron aún más su vulnerabilidad y fragilidad. Hemos experimentado el desánimo, el desencanto, el cansancio, y hasta la amargura conformista y desesperanzadora pudo apoderarse de nuestras miradas. Pero nosotros «no nos anunciamos a nosotros mismos, sino a Jesús como Cristo y Señor, pues no somos más que servidores de vosotros por causa de Jesús» (2 Co 4,5). Por eso sentimos resonar en nuestras comunidades y hogares la Palabra de vida que se hace eco en nuestros corazones y nos dice: «No está aquí: ¡ha resucitado!» (Lc 24,6); Palabra de esperanza que rompe todo determinismo y, para aquellos que se dejan tocar, regala la libertad y la audacia necesarias para ponerse de pie y buscar creativamente todas las maneras posibles de vivir la compasión, ese “sacramental” de la cercanía de Dios con nosotros que no abandona a nadie al borde del camino. En este tiempo de pandemia, ante la tentación de enmascarar y justificar la indiferencia y la apatía en nombre del sano distanciamiento social, urge la misión de la compasión capaz de hacer de la necesaria distancia un lugar de encuentro, de cuidado y de promoción. «Lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20), la misericordia con la que hemos sido tratados, se transforma en el punto de referencia y de credibilidad que nos permite recuperar la pasión compartida por crear «una comunidad de pertenencia y solidaridad, a la cual destinar tiempo, esfuerzo y bienes» (Carta enc. Fratelli tutti, 36). Es su Palabra la que cotidianamente nos redime y nos salva de las excusas que llevan a encerrarnos en el más vil de los escepticismos: “todo da igual, nada va a cambiar”. Y frente a la pregunta: “¿para qué me voy a privar de mis seguridades, comodidades y placeres si no voy a ver ningún resultado importante?”, la respuesta permanece siempre la misma: «Jesucristo ha triunfado sobre el pecado y la muerte y está lleno de poder. Jesucristo verdaderamente vive» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 275) y nos quiere también vivos, fraternos y capaces de hospedar y compartir esta esperanza. En el contexto actual urgen misioneros de esperanza que, ungidos por el Señor, sean capaces de recordar proféticamente que nadie se salva por sí solo.

Al igual que los apóstoles y los primeros cristianos, también nosotros decimos con todas nuestras fuerzas: «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20). Todo lo que hemos recibido, todo lo que el Señor nos ha ido concediendo, nos lo ha regalado para que lo pongamos en juego y se lo regalemos gratuitamente a los demás. Como los apóstoles que han visto, oído y tocado la salvación de Jesús (cf. 1 Jn 1,1-4), así nosotros hoy podemos palpar la carne sufriente y gloriosa de Cristo en la historia de cada día y animarnos a compartir con todos un destino de esperanza, esa nota indiscutible que nace de sabernos acompañados por el Señor. Los cristianos no podemos reservar al Señor para nosotros mismos: la misión evangelizadora de la Iglesia expresa su implicación total y pública en la transformación del mundo y en la custodia de la creación.

Una invitación a cada uno de nosotros

El lema de la Jornada Mundial de las Misiones de este año, «No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído» (Hch 4,20), es una invitación a cada uno de nosotros a “hacernos cargo” y dar a conocer aquello que tenemos en el corazón. Esta misión es y ha sido siempre la identidad de la Iglesia: «Ella existe para evangelizar» (S. Pablo VI, Exhort. ap. Evangelii nuntiandi, 14). Nuestra vida de fe se debilita, pierde profecía y capacidad de asombro y gratitud en el aislamiento personal o encerrándose en pequeños grupos; por su propia dinámica exige una creciente apertura capaz de llegar y abrazar a todos. Los primeros cristianos, lejos de ser seducidos para recluirse en una élite, fueron atraídos por el Señor y por la vida nueva que ofrecía para ir entre las gentes y testimoniar lo que habían visto y oído: el Reino de Dios está cerca. Lo hicieron con la generosidad, la gratitud y la nobleza propias de aquellos que siembran sabiendo que otros comerán el fruto de su entrega y sacrificio. Por eso me gusta pensar que «aún los más débiles, limitados y heridos pueden ser misioneros a su manera, porque siempre hay que permitir que el bien se comunique, aunque conviva con muchas fragilidades» (Exhort. ap. postsin. Christus vivit, 239).

En la Jornada Mundial de las Misiones, que se celebra cada año el penúltimo domingo de octubre, recordamos agradecidamente a todas esas personas que, con su testimonio de vida, nos ayudan a renovar nuestro compromiso bautismal de ser apóstoles generosos y alegres del Evangelio. Recordamos especialmente a quienes fueron capaces de ponerse en camino, dejar su tierra y sus hogares para que el Evangelio pueda alcanzar sin demoras y sin miedos esos rincones de pueblos y ciudades donde tantas vidas se encuentran sedientas de bendición.

Contemplar su testimonio misionero nos anima a ser valientes y a pedir con insistencia «al dueño que envíe trabajadores para su cosecha» (Lc 10,2), porque somos conscientes de que la vocación a la misión no es algo del pasado o un recuerdo romántico de otros tiempos. Hoy, Jesús necesita corazones que sean capaces de vivir su vocación como una verdadera historia de amor, que les haga salir a las periferias del mundo y convertirse en mensajeros e instrumentos de compasión. Y es una llamada que Él nos hace a todos, aunque no de la misma manera. Recordemos que hay periferias que están cerca de nosotros, en el centro de una ciudad, o en la propia familia. También hay un aspecto de la apertura universal del amor que no es geográfico sino existencial. Siempre, pero especialmente en estos tiempos de pandemia es importante ampliar la capacidad cotidiana de ensanchar nuestros círculos, de llegar a aquellos que espontáneamente no los sentiríamos parte de “mi mundo de intereses”, aunque estén cerca nuestro (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 97). Vivir la misión es aventurarse a desarrollar los mismos sentimientos de Cristo Jesús y creer con Él que quien está a mi lado es también mi hermano y mi hermana. Que su amor de compasión despierte también nuestro corazón y nos vuelva a todos discípulos misioneros.

Que María, la primera discípula misionera, haga crecer en todos los bautizados el deseo de ser sal y luz en nuestras tierras (cf. Mt 5,13-14).

Roma, San Juan de Letrán, 6 de enero de 2021, Solemnidad de la Epifanía del Señor.   Francisco

 


viernes, 8 de octubre de 2021

VIDEO DEL PAPA OCTUBRE 2021 "¿ESTAS PREPARADO PARA SER MISIONERO?"

Jesús nos pide a todos, y a ti también, ser discípulos misioneros. ¿Estás preparado?

Basta con estar disponibles a su llamada y vivir unidos al Señor en las cosas más cotidianas, el trabajo, los encuentros, las ocupaciones de cada día, las casualidades de cada día, dejándonos guiar siempre por el Espíritu Santo.

Si te mueve Cristo, si haces las cosas porque Cristo te guía, los demás se dan cuenta fácilmente.

Y tu testimonio de vida provoca admiración, y la admiración hace que otros se pregunten: “¿Cómo es posible que esto sea así?” o “¿de dónde le viene a esta persona el amor con que trata a todos, la amabilidad, el buen humor?”.

Recordemos que la misión no es proselitismo, sino que la misión se basa en un encuentro entre personas, en el testimonio de hombres y mujeres que dicen: “Yo conozco a Jesús, me gustaría que tú también lo conocieras”.

Hermanos y hermanas, recemos para que cada bautizado participe en la evangelización y que cada bautizado esté disponible para la misión a través de su testimonio de vida. Y que este testimonio de vida tenga sabor a Evangelio.



viernes, 1 de octubre de 2021

MES MISIONERO OCTUBRE 2021


 COMENZAMOS HOY EL MES DE OCTUBRE, MES DE LAS MISIONES, Y SE NOS INVITA A CONTAR LO QUE HEMOS VISTO Y OIDO. NO TENGAMOS REPARO, NI MIEDO EN HACERLO, SON MUCHAS LAS COSAS BUENAS QUE TENEMOS QUE CONTAR.


PINCHA EN LOS VIDEOS DE ABAJO QUE CREO NOS AYUDARAN A COMENZAR ESTE MES CON FUERZA E ILUSION







viernes, 24 de septiembre de 2021

ECOS DE LA SABANA nº 139

 


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LA TRADUCCION DEL CANTO

"RAJAWALI KRISTUS", AGUILA MISIONERA
Recorro montañas, valles y colinas y el huracán no cesa de molestarme. tengo miedo, tiemblo, pero sigo avanzando para anunciar Su amor.
Estoy agotado ya que soy un ser frágil; pero sigo fuerte y mis alas continúan moviéndose pues su amor sostiene mis alas para convertirme en un águila del amor.
ESTRIBILLO Yo soy el águila de Cristo, siempre disponible para mover mis alas y trabajar por el amor, la paz y la esperanza en el mundo
Vuelo tan lejos en el mundo, sin temor a que mis alas se rompan pues mi apoyo es Cristo, es Él quien me hace fuerte para llevar la misión de hacer del mundo una sola familia.



viernes, 17 de septiembre de 2021

ECOS DE LA SABANA nº 138

 


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Viernes 10 Septiembre 2021
República Centroafricana: el compromiso del cardenal y del imán en favor de la paz
Hace dos semana leíamos la carta, bastante cruda, de Juan José Aguirre, obispo desde hace muchos años de Bangassou, una región muy empobrecida de Centroáfrica. Muchos sois los que me escribisteis acerca del texto de Juan José subrayando el sufrimiento que en él se veía; otros en cambio, contentos de ver que la iglesia sigue del lado de los pobres y de los más necesitados, como nos lo dijo Jesucristo.
Esta vez volvemos de nuevo a Centroáfrica, país llamado así porque está en el corazón de África, un país más grande que España, con 622.980 km2, pero con tan solo unos 5 millones de habitantes. País que lleva bastantes años con violencia y conflictos armados, a causa de sus enormes riquezas mineras (uranio, petróleo, oro, diamantes, maderas preciosas, mucha tierra, ríos….) y del apetito que eso desencadena en grupos rebeldes y en las potencias extranjeras. Claro está, que a pesar de tanta riqueza y de su poca población, es uno de los países más pobres de África y se encuentra entre los 10 países más pobres del mundo. Su capital se llama Bangui, y es allí en donde es arzobispo Dieudonné Nzapalainga, que fue nombrado en 2016 Cardenal por el papa Francisco, en ese momento era el cardenal más joven de la iglesia con tan solo 49 años. No solo tiene el record de ser el cardenal más joven sino también parece que es el cardenal al que más veces le han apuntado en la cabeza con un arma. Su nombramiento se produjo después de la visita del papa Francisco a este país de África en 2015, cuando el papa pudo ver de cerca las consecuencias de la violencia que asolaba y sigue asolando a este país.
Dieudonné es un hombre que ha luchado mucho en favor del proceso de paz en la República Centroafricana, y también en el esfuerzo por promover la convivencia pacífica entre cristianos y musulmanes. Los musulmanes constituyen el 10% de la población y los cristianos son mayoría. La realidad es que es un país que ha vivido con mucha violencia, sobre todo en estos últimos 10 años. Una violencia causada por el conflicto entre grupos guerrilleros islamistas llamados SELEKA, muchos de ellos extranjeros, y grupos de autodefensa llamados ANTIBALAKA, que a su vez han sembrado la muerte y el terror. Está claro que detrás de esta gente había muchos intereses extranjeros para extraer y saquear sus riquezas y llevárselas sin hacer mucho ruido. Y como dice el refrán, “ a perro flaco, todo son pulgas”, es la gente sencilla que sufre el destierro, muchos han tenido que dejar sus pueblos, tierra, región para poder sobrevivir; y son muchos los que han sucumbido bajo el régimen de terror y de violencia creado por estos 2 grupos guerrilleros-fanáticos.
El cardenal Dieudonné, que en realidad es misionero espiritano desde 1992, junto al presidente del Consejo Islámico centro-africano, Imam Oumar Kobine Layama, y el presidente de la Alianza Evangélica, Nicolas Guérékoyaméné-Gbangou, fundó en 2013 una plataforma interreligiosa para trabajar por la paz entre las religiones.
Acaban de hacer una película, "Sìrìrì, el cardenal y el imán", que es un documental, parece ser muy fiel, de su vida y de su lucha por la paz, ya que Siriri significa "paz" en Sango, uno de los idiomas de Centroáfrica. Esta película habla de la amistad entre un cardenal y un imán, algo que no suele salir en los telediarios, ni de lo que se suele hablar; una historia demasiado rara para no ser contada, como dice el director. Así como de la lucha por la paz que juntos han llevado adelante. El Imam Kobine Layama falleció repentinamente el año pasado a causa de una enfermedad, pero que como veréis en la película un hombre siempre con una hermosa sonrisa en los labios a pesar de las situaciones que allí han vivido, y que repetía: "Habría que tener siempre el valor de encender la luz".
Cámara en mano, el director sigue a estos dos hombres de paz en sus encuentros con la población centroafricana. Incansablemente, los dos hermanos predican la paz a sus hermanos que sufren a causa de una violencia incontrolada. Es una palabra dura y severa hacia los fundamentalistas musulmanes, así como hacia los fundamentalistas cristianos que matan y destruyen indiscriminadamente a sus hermanos en su propio país, y provocan una situación de miseria y de sufrimiento.
El cardenal Nzapalainga, báculo de peregrino en mano, recorre incansablemente los senderos de su país en el que una cuarta parte de la población ha debido huir y desplazarse por motivos de la violencia.
La película no oculta la violencia omnipresente en este país en donde ni las iglesias, ni los hospitales son respetados y por el contrario son atacados igual que las casas de la gente sencilla y las escuelas. Tomar las armas parece ser para muchos el camino más directo para acceder a las minas de oro y diamantes, sin pasar por el gobierno. La película termina con un rayo de esperanza: en el santuario de Ngoukomba, a unos veinte kilómetros al norte de Bangui, musulmanes y cristianos rezan juntos al atardecer.
 
Y unas frases para reflexionar un poco:
“Preguntó un gurú a sus discípulos, si sabrían decir cuándo acababa la noche y empezaba el día. Uno de ellos dijo: - «Cuando ves un animal a distancia y puedes distinguir si es una vaca o un caballo». - «No»-, dijo el gurú. - «Cuando miras un árbol a distancia y puedes distinguir si es un mango o un anacardo». - «Tampoco»-, dijo el gurú. - «Está bien»-, dijeron los discípulos, «dinos cuándo es». - «Cuando miras a un hombre al rostro y reconoces en él a tu hermano; cuando miras a la cara a una mujer y reconoces en ella a tu hermana. Si no eres capaz de esto, entonces, sea la hora que sea, aún es DE NOCHE”
 
LA VIDA
“La vida es una oportunidad, aprovéchala;
la vida es belleza, admírala;
la vida es serenidad, saboréala,
la vida es un sueño, hazlo realidad.
La vida es un reto, afróntalo;
la vida es un juego, juégalo,
la vida es preciosa, cuídala;
la vida es riqueza, consérvala;
la vida es un misterio, descúbrelo.
La vida es una promesa, cúmplela;
la vida es amor, gózalo;
la vida es tristeza, supérala;
la vida es un himno, cántalo;
la vida es una tragedia, domínala.
La vida es aventura, vívela;
la vida es felicidad, merécela;
la vida es vida, defiéndela
Teresa de Calcuta

viernes, 10 de septiembre de 2021

VIDEO DEL PAPA SEPTIEMBRE 2021: UN ESTILO DE VIDA ECOSOSTENIBLE

 

Me alegra mucho ver que los jóvenes tienen el coraje de emprender proyectos de mejora ambiental y social, ya que los dos van de la mano.
Los adultos podemos aprender mucho de ellos, porque en todo lo relacionado con el cuidado del planeta, están a la vanguardia.
Aprovechemos su ejemplo y reflexionemos sobre nuestro estilo de vida, especialmente en estos momentos de crisis sanitaria, social y medioambiental.
Reflexionemos sobre nuestro estilo de vida, sobre la forma de alimentarnos, de consumir, de desplazarnos o el uso que hacemos del agua, de la energía, de los plásticos y de tantos bienes materiales, a menudo dañina para la tierra.
¡Elijamos cambiar! Avancemos con los jóvenes hacia estilos de vida más sencillos y respetuosos con el medio ambiente.
Recemos para que todos tomemos las decisiones valientes, las opciones necesarias para una vida más sobria y ambientalmente sostenible, inspirándonos en nuestros jóvenes que están decididamente comprometidos con este cambio. Y no son tontos, porque están comprometidos con su propio futuro. Es por eso que quieren cambiar lo que heredarán en un momento en que ya nosotros no estaremos aquí.

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