Hola a tod@s,
Aunque parezca imposible, se
ven mejoras en Chad, sobre todo en sanidad. Además de inaugurar hace tres años
un hospital en el sitio donde vivimos (hacia falta porque antes el más cercano
estaba a 30 kilómetros y el nuevo atiende un territorio habitado por 60.000
personas) ahora lo han dotado de una ambulancia. En tiempos los que teníamos
que llevar a los enfermos al hospital éramos nosotros. Ya me tocó la
experiencia de que un niño naciese en el coche.
Claire es muy parlanchina.

Aunque
parezca una ancianita y se comporte como tal oficialmente sólo tiene quince
años. Su madre ha tenido tres veces gemelos, entre ellos Claire y su hermana
que falleció. Me dicen que Claire perdió completamente la cabeza, deambulaba
sin rumbo fijo y se preveía que se volviese una niña de la calle, pero hete
aquí que se acercó a las catequesis, se enganchó y además de recuperar una
cierta sensatez este año ha sido bautizada.
En casa teníamos gallinas y
conejos, pero alguien que nos debe de odiar se encargó de hacernos desistir.
Primero nos dejó muerto en el patio un gallo que no era nuestro. Como no le
dimos demasiada importancia un domingo en que estábamos todos fuera para celebrar
las misas nos dejó clavada a la puerta del gallinero una gallina muerta por
enfermedad. Nuestras gallinas se contagiaron y de las 17 que teníamos nos quedó
sólo una. Sospechamos que fue el mismo a quien le dio por meterse con nuestros
conejos. Teníamos seis gazapos y cada noche desaparecía uno. Para dejar claro
que el autor no era ningún animal dejó la cabeza de uno de ellos claramente
cortada con un cuchillo. Y cuando terminó con los pequeños atacó a los grandes,
así que decidimos repartir los que nos quedaban entre aquellos que también los
crían. Según nuestros vecinos y también el jefe del cantón a quien comentamos
lo que estaba pasando se trata de prácticas de brujería. Ahora hemos decidido
retomar esta actividad situando la conejera más cerca de donde dormimos, encementando
el fondo para que no se escapen escarbando (en la foto vemos al javeriano más
joven en pleno esfuerzo).

Ayer me escapé por poco de la
lluvia. Estaba a 10 kilómetros de casa y he pedaleado con ganas para llegar
diez minutos antes de los truenos y 20 minutos antes de la lluvia que duró dos
horas. Lo peor no es mojarse sino el lodazal y la crecida del río que hay que
atravesar. Cuando ya vi que las nubes no me iban a cazar saqué esta foto desde
un campo de cacahuetes.
Había ido a ese pueblo para
ver las obras de la escuela.
Van
despacito porque en esta época el dinero escasea y porque ahora lo que falta es
el trabajo de los soldadores que tienen que hacer las puertas, las ventanas y
la estructura de hierro para colocar el techo y el problema es cómo hacer
llegar el grupo electrógeno habiendo un río de por medio, que ahora mismo tras
la lluvia estará crecido.
Monaguillos y bailarinas
dispuestos a empezar la misa. Las bailarinas descalzas, por supuesto, y con
traje nuevo, estrenado el domingo pasado en los cuatro lugares de culto
habituales. En total 32 vestidos, cada uno a poco más de un euro (tela y
cosido). Venid a haceros vestidos en Chad.

Ayer pude acceder a uno de
nuestros pueblos por primera vez sin mojarme en estación de lluvias. De los dos
caminos para llegar sin tener que dar un rodeo de kilómetros el primero me lo
desaconsejaron vivamente porque el nivel del agua supera los dos metros y
además el fondo es irregular con piedras, raíces y agujeros. La última vez que
pasé por allí el agua me llegaba al ombligo y es arriesgado porque no se pisa
bien. Del segundo el recuerdo que tenía es de atravesar el río con el agua
hasta el cuello (me llamaron para visitar a un enfermo grave) pero el paso era
corto y el fondo sólido. Hace dos años en este segundo camino se ahogaron dos
vecinos del pueblo así que por fin se decidieron a hacer un puente tradicional
que visto así parece una
chapucilla pero que con los medios locales supuso un enorme esfuerzo. La otra
foto es del río desde el puente. Parece tan plácido...
Béatrice es la hija mayor de
mi profesor de lengua local. Pasé en su casa tres meses cuando ella tenía
apenas seis años. Ahora con 35 acaba de tener a su séptimo hijo. Todos están
vivos y eso que la cuida sola porque su marido vive en Camerún y viene a verla
un mes cada dos o tres años.
La otra foto es de un
milagro. Diréis: "otra foto de tormenta". Pues sí, pero en este caso
del camino que yo acababa de recorrer en bici y sin mojarme. Ya veía las nubes
frente a mí pero yo prefiero mojarme a esperar que la lluvia escampe porque
entonces el camino se vuelve un lodazal y se sufre más, así que a pesar de las
nubes amenazantes seguí avanzando y hete aquí que sobre mi paso se iba abriendo
un claro. Atravesé el frente de nubes sin percance y una vez a salvo saqué esa
foto como recuerdo. Me dijeron que por donde acababa de pasar llovió durante
una hora.
El jueves pasado se celebró
la asamblea de padres y madres de la escuela
con 62 presentes: 59 padres,
2 madres y un infiltrado que no aporta ninguna criatura al alumnado (o sea,
yo). A pesar de ser pocas las mujeres hablaron sin miedo ¿Qué miedo les van a
tener a los hombres si una ha tenido 10 hijos y la otra siete? La primera,
Claire, es viuda y yo me pregunto cómo hace para pagar los estudios de todos
sus hijos porque, aunque el marido era maestro lo de la pensión de viudedad
existe sólo en el papel.

En concreto en la escuela tiene a dos de sus
hijos. La otra, Yolande, también tiene dos en la escuela, pero en su casa
recibe a seis más (hijos de primos y otra parentela) que llegan desde otros
pueblos para asistir a nuestras clases. Y de los hombres sólo voy a mencionar a
uno, el que está más a la izquierda vestido de gris. Tiene cuatro hijos en la
escuela ¿Cómo es posible, si únicamente se imparten los tres primeros cursos de
primaria? Pues porque tiene seis mujeres. Su hijo mayor es médico, el otro enfermero,
el siguiente profesor de francés… Y así hasta 49 hijos, todos con estudios
cuando el padre apenas fue a la escuela. Por cierto que estuve hace dos años en
su casa para visitar a uno de sus múltiples hijos herido (accidente de moto)
precisamente el día en que su mujer más joven salía de la choza y presentaba a
su primer hijo, varón (cuando dan a luz las madres se quedan dentro de la choza
dos o cuatro días si ha nacido una niña y tres si es niño). Cuando le pregunté
al padre por el total de sus hijos me dijo que con el recién nacido 49. Dos
años después me ha dicho la misma cifra lo que me hace dudar si realmente se ha
puesto a contar su prole o dice ese número porque le gusta. Sea como sea, son
un montón.
Hablando de montones, el otro
día exageré con Paul. Dije que creía que tiene 52 hijos. Son menos, son «sólo»
47, de los cuales 22 han fallecido ya. Lo que no se puede contar son sus
nietos, muchos más de cien, y como se dice, «éramos pocos y parió…» la mujer de
uno de los hijos, que ha tenido gemelos. Dos más para la colección.
Celebramos la asamblea de la
escuela bajo una fuerte lluvia que me impidió volver a casa (10 kilómetros de
camino embarrado y río crecido).
Afortunadamente los
misioneros que me precedieron construyeron en ese lugar una habitación donde
tenemos una cama y ropa seca. Con esta lluvia que menciono ya hemos sobrepasado
los 1.000 litros por metro cuadrado en lo que va de año.
En el mismo lugar donde se
celebraba la asamblea de padres y madres están trabajando los soldadores
que preparan la estructura
metálica que va a sostener el techo de la escuela. Todo el material ya está
pagado, pero pagar a los soldadores y albañiles es responsabilidad de la
población local y el dinero aún no es suficiente. Esperemos que, para el
primero de octubre, día oficial de inicio del curso, las obras estén
terminadas.
Esta foto de abajo es de la
formación de cantores a la que acudieron 62 cantores.
Las que ya bailaron en las misas (y ahora son monaguillas), las que bailan y las que bailarán. Hasta la próxima