En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
Amén.
Señor de la vida, todo lo que tenemos viene de Ti: la tierra
fértil, los talentos recibidos, el esfuerzo de quienes nos precedieron. Nada es solo
nuestro, todo es don compartido.
Pero tantas veces, Señor, dejamos que la riqueza deseada o
alcanzada endurezca nuestro corazón, nos encierre en el egoísmo y nos haga
olvidar a los más frágiles.
Perdónanos por acumular en lugar de compartir, por usar los
bienes como poder y no como servicio.
Tú nos recuerdas que la verdadera riqueza no está en lo que
guardamos, sino en lo que entregamos con amor. Un corazón desprendido
transforma el mundo: abre caminos de justicia, derriba muros de indiferencia, siembra
esperanza entre los pobres.
Te pedimos, Señor, que tu Espíritu nos enseñe a usar lo que
tenemos: dinero, tiempo, talentos, oportunidades, como instrumentos de
fraternidad.
Que cada decisión económica, familiar o comunitaria nazca de
un corazón libre, capaz de reconocer que todo bien es común, y que solo
compartiendo construimos futuro.
Haznos testigos de una riqueza convertida en servicio y
misericordia,
para que nuestra vida, unida a la de los demás, sea signo de
tu Reino de justicia y paz.
Amén.
En su oración, el Papa se dirige al “Señor de la vida” y reconoce que “todo lo que tenemos viene de Ti”: la tierra fértil, los talentos recibidos y el esfuerzo de quienes nos precedieron. “Nada es solo nuestro, todo es don compartido”, afirma en su plegaria. El Pontífice admite que la riqueza, “deseada o alcanzada”, puede endurecer el corazón y hacernos olvidar a los más frágiles, y pide perdón “por acumular en lugar de compartir, por usar los bienes como poder y no como servicio”. Frente a ello, recuerda que la verdadera riqueza “no está en lo que guardamos, sino en lo que entregamos con amor”, y ruega al Espíritu Santo aprender a usar el dinero, el tiempo, los talentos y las oportunidades como “instrumentos de fraternidad”, de modo que cada decisión económica, familiar o comunitaria nazca de un “corazón libre”. La plegaria concluye pidiendo ser testigos de “una riqueza convertida en servicio y misericordia”, signo del Reino de justicia y paz.
Una riqueza cada vez más concentrada
La intención de oración del Papa responde a una realidad que
se relaciona con la actualidad que se vive. La riqueza financiera de los
hogares alcanzó en 2025 un récord de 268,4 billones de euros, un 8,6 % más
que el año anterior. Aun así, la riqueza no llega a todos: en los países
analizados, el 10 % más rico de la población posee el 85,4 % de los activos
financieros netos, mientras que la mitad inferior, casi 3.000 millones de
personas, prácticamente no posee nada.
Mientras tanto, las personas con más riquezas siguen creciendo. Según el Global Wealth Report 2026 de UBS, 2025 dejó casi un millón de nuevos millonarios en dólares, más de 2.600 al día, y desde 2020 la riqueza media se aleja cada vez más de la mediana, es decir, de la de una persona típica. Las ganancias, por tanto, se reparten de forma desigual: la riqueza de los más ricos crece más rápido que la de una persona típica.


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