Noticias de Antxón desde Chad
Aunque parezca imposible, se ven mejoras en Chad, sobre todo en sanidad. Además de inaugurar hace tres años un hospital en el sitio donde vivimos (hacia falta porque antes el más cercano estaba a 30 kilómetros y el nuevo atiende un territorio habitado por 60.000 personas) ahora lo han dotado de una ambulancia. En tiempos los que teníamos que llevar a los enfermos al hospital éramos nosotros. Ya me tocó la experiencia de que un niño naciese en el coche.
Claire es muy parlanchina.
En casa teníamos gallinas y conejos, pero alguien que nos debe de odiar se encargó de hacernos desistir. Primero nos dejó muerto en el patio un gallo que no era nuestro. Como no le dimos demasiada importancia un domingo en que estábamos todos fuera para celebrar las misas nos dejó clavada a la puerta del gallinero una gallina muerta por enfermedad. Nuestras gallinas se contagiaron y de las 17 que teníamos nos quedó sólo una. Sospechamos que fue el mismo a quien le dio por meterse con nuestros conejos. Teníamos seis gazapos y cada noche desaparecía uno. Para dejar claro que el autor no era ningún animal dejó la cabeza de uno de ellos claramente cortada con un cuchillo. Y cuando terminó con los pequeños atacó a los grandes, así que decidimos repartir los que nos quedaban entre aquellos que también los crían. Según nuestros vecinos y también el jefe del cantón a quien comentamos lo que estaba pasando se trata de prácticas de brujería. Ahora hemos decidido retomar esta actividad situando la conejera más cerca de donde dormimos, encementando el fondo para que no se escapen escarbando (en la foto vemos al javeriano más joven en pleno esfuerzo).
Ayer me escapé por poco de la lluvia. Estaba a 10 kilómetros de casa y he pedaleado con ganas para llegar diez minutos antes de los truenos y 20 minutos antes de la lluvia que duró dos horas. Lo peor no es mojarse sino el lodazal y la crecida del río que hay que atravesar. Cuando ya vi que las nubes no me iban a cazar saqué esta foto desde un campo de cacahuetes.
Había ido a ese pueblo para ver las obras de la escuela.
Van despacito porque en esta época el dinero escasea y porque ahora lo que falta es el trabajo de los soldadores que tienen que hacer las puertas, las ventanas y la estructura de hierro para colocar el techo y el problema es cómo hacer llegar el grupo electrógeno habiendo un río de por medio, que ahora mismo tras la lluvia estará crecido.
Monaguillos y bailarinas dispuestos a empezar la misa. Las bailarinas descalzas, por supuesto, y con traje nuevo, estrenado el domingo pasado en los cuatro lugares de culto habituales. En total 32 vestidos, cada uno a poco más de un euro (tela y cosido). Venid a haceros vestidos en Chad.
Ayer pude acceder a uno de nuestros pueblos por primera vez sin mojarme en estación de lluvias. De los dos caminos para llegar sin tener que dar un rodeo de kilómetros el primero me lo desaconsejaron vivamente porque el nivel del agua supera los dos metros y además el fondo es irregular con piedras, raíces y agujeros. La última vez que pasé por allí el agua me llegaba al ombligo y es arriesgado porque no se pisa bien. Del segundo el recuerdo que tenía es de atravesar el río con el agua hasta el cuello (me llamaron para visitar a un enfermo grave) pero el paso era corto y el fondo sólido. Hace dos años en este segundo camino se ahogaron dos vecinos del pueblo así que por fin se decidieron a hacer un puente tradicional
Béatrice es la hija mayor de mi profesor de lengua local. Pasé en su casa tres meses cuando ella tenía apenas seis años. Ahora con 35 acaba de tener a su séptimo hijo. Todos están vivos y eso que la cuida sola porque su marido vive en Camerún y viene a verla un mes cada dos o tres años.
La otra foto es de un milagro. Diréis: "otra foto de tormenta". Pues sí, pero en este caso del camino que yo acababa de recorrer en bici y sin mojarme. Ya veía las nubes frente a mí pero yo prefiero mojarme a esperar que la lluvia escampe porque entonces el camino se vuelve un lodazal y se sufre más, así que a pesar de las nubes amenazantes seguí avanzando y hete aquí que sobre mi paso se iba abriendo un claro. Atravesé el frente de nubes sin percance y una vez a salvo saqué esa foto como recuerdo. Me dijeron que por donde acababa de pasar llovió durante una hora.
El jueves pasado se celebró la asamblea de padres y madres de la escuela
con 62 presentes: 59 padres, 2 madres y un infiltrado que no aporta ninguna criatura al alumnado (o sea, yo). A pesar de ser pocas las mujeres hablaron sin miedo ¿Qué miedo les van a tener a los hombres si una ha tenido 10 hijos y la otra siete? La primera, Claire, es viuda y yo me pregunto cómo hace para pagar los estudios de todos sus hijos porque, aunque el marido era maestro lo de la pensión de viudedad existe sólo en el papel.
En concreto en la escuela tiene a dos de sus hijos. La otra, Yolande, también tiene dos en la escuela, pero en su casa recibe a seis más (hijos de primos y otra parentela) que llegan desde otros pueblos para asistir a nuestras clases. Y de los hombres sólo voy a mencionar a uno, el que está más a la izquierda vestido de gris. Tiene cuatro hijos en la escuela ¿Cómo es posible, si únicamente se imparten los tres primeros cursos de primaria? Pues porque tiene seis mujeres. Su hijo mayor es médico, el otro enfermero, el siguiente profesor de francés… Y así hasta 49 hijos, todos con estudios cuando el padre apenas fue a la escuela. Por cierto que estuve hace dos años en su casa para visitar a uno de sus múltiples hijos herido (accidente de moto) precisamente el día en que su mujer más joven salía de la choza y presentaba a su primer hijo, varón (cuando dan a luz las madres se quedan dentro de la choza dos o cuatro días si ha nacido una niña y tres si es niño). Cuando le pregunté al padre por el total de sus hijos me dijo que con el recién nacido 49. Dos años después me ha dicho la misma cifra lo que me hace dudar si realmente se ha puesto a contar su prole o dice ese número porque le gusta. Sea como sea, son un montón.
Hablando de montones, el otro
día exageré con Paul. Dije que creía que tiene 52 hijos. Son menos, son «sólo»
47, de los cuales 22 han fallecido ya. Lo que no se puede contar son sus
nietos, muchos más de cien, y como se dice, «éramos pocos y parió…» la mujer de
uno de los hijos, que ha tenido gemelos. Dos más para la colección.
Celebramos la asamblea de la
escuela bajo una fuerte lluvia que me impidió volver a casa (10 kilómetros de
camino embarrado y río crecido).
Afortunadamente los
misioneros que me precedieron construyeron en ese lugar una habitación donde
tenemos una cama y ropa seca. Con esta lluvia que menciono ya hemos sobrepasado
los 1.000 litros por metro cuadrado en lo que va de año.
En el mismo lugar donde se celebraba la asamblea de padres y madres están trabajando los soldadores
Esta foto de abajo es de la
formación de cantores a la que acudieron 62 cantores.

















No hay comentarios:
Publicar un comentario